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Turismo
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2º.RECORRIDO DEL RIO SANTA MARIA
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Hablando de…
”En las adjuntas de estas dos corrientes (Río Santa María y Rioverde) no existe ningún
pueblo ni rancho, son tremendas y estremecedoras soledades, lugar desconocido al que
no llega más que el agua de los dos escurrimientos pluviales y el tórrido viento huasteco.”
“…el Tampaón, el más potosino de los ríos, corre en gargantas increíblemente abruptas y
cerradas, donde la mezcla fantasmal de piedras negras y de piedras blancas, de cuarzos,
de basaltos, de pizarras y calizas convulsionadas que patentizan una geología en estado
angustioso, es obra de un torrente, muy brusco que ha abierto un cause entre dos altas
paredes rocosas intransitables, agrestes, violentas y salvajes, pero materialmente
cubiertas por verdaderos jardines colgantes de toda clase de helechos, palmas y
suculentas”.
Octaviano Cabrera Ipiña
Estado de San Luis Potosí, 1964
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RECORRIDO DEL RIO SANTA MARIA (OJO CALIENTE - TANCHACHIN)
FECHA: 20 AL 22 DE ABRIL DEL 2000 SEMANA SANTA
Texto: Luis A. Stevens Sierra. Fotografías: Gerardo Morril y Luis Stevens
INTEGRANTES: ROSA MA. BALBANERA L. (BEBA)
GERARDO MORRILL CORONA
LUIS A. STEVENS SIERRA
Los antecedentes: En febrero de 1998 se realizó una travesía por el río Santa María en el
segmento de Concá, Qro. a Paso de Botello, S.L.P., recorriendo un hermoso e imponente
cañón en el corazón de la sierra Gorda y del territorio de los indígenas Pames. Desde
entonces, los miembros de esa expedición decidimos continuar con el recorrido del río.
Pero por razones diversas no se había concretado la travesía hasta que en febrero de este
año se decidió firmemente hacer el viaje. Tuvimos problemas para formar el equipo debido
a que no podíamos reclutar a cualquier persona porque el viaje iba ser desde difícil hasta
riesgoso. Pero el principal problema era que si algo nos llegara a pasar, nadie nos podría
ayudar excepto nosotros mismos, ya que las cartas topográficas no indicaban ninguna
vereda para entrar o salir del largo cañón. Así que Gerardo y yo nos quedamos con las
ganas de ir, si no es porque Beba decidió unírsenos en el último momento ya cuando
habíamos cancelado el viaje. En ésta ocasión, el recorrido comenzaba en una zona de
transición entre la zona media y la huasteca, cerca del poblado de Ojo Caliente, S.L.P. e
intentábamos llegar a Tanchachín, a más de 30km. río abajo, siendo nuestro camino el
mismo río. En mucho, este nuevo recorrido era muy similar al anterior, igualmente
entrábamos a un cañón muy estrecho, muy largo, sin ninguna salida, y muy difícil de
caminar por la orilla debido a las rocas y vegetación cerrada y espinosa. En lo que este
recorrido iba a ser diferente fue: 1°. El calor que hacía, 2°.La mayor cantidad de agua que
encontramos, lo que formaba rápidos más fuertes y frecuentes y 3°. Que el color del agua
azul turquesa no permitía saber la profundidad del río ya que no es muy transparente. Y
así, decidimos recorrer el penúltimo cañón del desconocido Río Santa María, que para
nosotros estaba representado en el la carta topográfica, como tan solo una delgada línea
azul en medio de un largo, profundo y remoto cañón, pasando por la majestuosa y
poderosa cascada de Tamul.
1er. Día: El camino de
terracería llega hasta la rivera
río arriba del poblado Ojo
Caliente. Ahí decidimos que si
ya estábamos tan cerca de la
desembocadura del Rioverde
con el Santa María valía la pena
ir a ver esta unión río arriba.
Después de unos 20 minutos de
caminar, llegamos a la
desembocadura y nos llevamos
una gran decepción.
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Encontramos que el Rioverde apenas si era un arroyo de agua verde claro, aunque era
fácil notar que en época de lluvia la corriente es formidable y el espectáculo de la unión de
estos ríos debe ser impresionante. También se considera que en esta confluencia el Santa
María cambia de nombre a Tampaón.
De regreso al punto de partida Beba se sentía mal por la alta temperatura y decidimos
refrescarnos en el río. En eso estábamos cuando Gerardo dijo que si ya estábamos en el
agua deberíamos seguir adelante nadando ya que el trayecto era largo y todavía ni
empezábamos. De esta manera avanzamos río abajo por el agua y solo nos salíamos
para sortear los rápidos caminando por la orilla. En la tarde pasamos por el poblado de La
Boquilla, donde vimos mucha gente nadando cerca de unas cascadas que caían al Santa
María, similares a unas que habíamos visto un poco antes. El origen de estas cascadas
son unos caudalosos nacimientos. Nosotros calculamos que estos nacimientos casi
duplicaban la cantidad de agua del Santa María al verterse en este. En este lugar, el río
entraba al cañón formando una curva a la derecha y estrechando el cauce. Nosotros al
entrar al cañón sabíamos que de ahí en adelante nuestro destino estaba al final del cañón,
a varios kilómetros y días de distancia, sin saber que encontraríamos en nuestro recorrido
ni cuando terminaríamos.
Ahí nos salimos del agua, y revisando mi mochila me di cuenta que el agua había
penetrado en mi bolsa “seca” mojando toda mi comida y manchando todo con los
chocolates derretidos y disueltos. Afortunadamente, la ropa de cambio y mi saco de dormir
no se mojaron por estar dentro de otra bolsa. Continuamos el resto del día por la orilla
caminando, escalando, brincando, etc. y solo entrando al agua para cambiar de orilla.
Aunque, cada vez más seguido, teníamos que descender los rápidos con la única ayuda
de nuestros chalecos salvavidas, aletas y mochila que flotaba, y de la cual nos
sujetábamos firmemente como si nuestra vida dependiera de ello, mientras éramos
sacudidos por la corriente y golpeados por las piedras. Por lo difícil del terreno en la orilla,
Gerardo tenía que estar abriendo paso con el machete. Entramos y salimos del río
decenas de veces con su consecuente pérdida de
tiempo al cambiar de botas a aletas a botas otra vez.
Gerardo nos pedía que hiciéramos esto más rápido
pues calculaba que no estábamos avanzando lo
suficiente y ya se acercaba la noche. Yo en
particular me encontraba muy deshidratado por el
calor y la falta de agua, ya que no queríamos tomar
agua del río por temor a enfermarnos y por otro lado
no vimos ningún manantial donde pudiéramos
reabastecernos. Más tarde encontramos unas
gentes nadando y pescando, que habían bajado al
cañón por una invisible vereda que solo ellos
conocían. Estas personas nos indicaron en donde
estaba un manantial que resultó ser solo un hilito de
agua saliendo de la roca. También nos advirtieron de
tener cuidado porque había “leones” (jaguares).
Cabe mencionar que la poca gente que llegamos a
ver, mostraba gran excitación y asombro al ver a una
mujer en nuestro pequeño equipo.
En una revolcada de un poderoso rápido Beba
perdió una aleta y yo mi gorra. Como ya se había
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puesto el sol decidimos buscar un lugar donde acampar que resultó ser un sitio rocoso
cerca de un rugiente rápido que hacía eco con las paredes del cañón. No pude obtener
una posición con el GPS por no captar suficiente satélites y yo estaba demasiado cansado
y deshidratado como para buscar otro lugar mejor para el GPS. Esa noche Gerardo
calculaba que habíamos recorrido muy poco camino y que si no avanzábamos más rápido
nos iba a tomar hasta 5 días salir del cañón. Todos despertamos intermitentemente. Beba
comentó que se debía a la tensión nerviosa. Y es que aventarse por los rápidos era muy
emocionante por no decir peligroso. Además, estábamos consientes de que ya habíamos
pasado el punto de poder regresar por donde habíamos entrado, por la imposibilidad que
representaría ir contra corriente y subir rocas en lugar de bajarlas; y salir por las paredes
del cañón no nos llevaría a ninguna parte.
2º. Día: Después de desayunar, Gerardo regresó al lugar donde estaba el manantial para
cargar los botes con agua limpia. La fuerza del rápido que estaba junto al campamento se
debía a que todo el río pasaba por un espacio menor de 2m. de ancho, y más adelante, se
ensanchaba y perdía fuerza para entrar a una curva con aguas tranquilas. Adelante de
este rápido, en un pequeño remolino, encontramos la aleta que había perdido Beba.
Poco más adelante, como las aguas estaban
tranquilas decidimos continuar nadando por el
río. Cada vez que nos acercábamos a un rápido
nos orillábamos y evaluábamos la posibilidad de
pasarlo nadando para no tener que salir del
agua y cambiar aletas por sandalias y perder
tiempo. De esta manera avanzamos lenta pero
constantemente por el agua por espacio de 5
horas consecutivas, solo parando en las orillas a
evaluar la mejor ruta para descender el rápido,
para invariablemente escuchar a Beba y
Gerardo decir “ Si se hace”. Yo me conformaba
con seguir el camino que ellos consideraban
más viable. Aun así, las raspadas y golpes con
las rocas eran continuos cada vez que
entrábamos a un rápido. Gerardo era siempre el
que se lanzaba al rápido primero. Beba y yo
esperábamos aferrados a las rocas dentro del
agua y observábamos a Gerardo perderse en
las aguas blancas y resurgir más adelante,
dándonos la señal de OK. Enseguida se lanzaba
Beba e inmediatamente después yo. Todos
teníamos miedo de atorarnos con las rocas y la
fuerte corriente. Sabíamos de un kayakista
americano que había perdido la vida por quedar
atrapado entre las rocas en este mismo cañón. En un momento dado Beba decidió
caminar por la orilla por una larga playa de arena blanca, porque empezó a sentir frío
después de tantas horas en el agua. A los pocos minutos volvió a meterse al agua debido
al calor que se sentía fuera. Un señor que encontramos en la orilla nos advirtió de los
enormes remolinos que se formaban en el río con la caída de la cascada de Tamul. Esta
cascada de 105 m de altura formada por el río Gallinas, se desploma sobre el río Santa
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María desde lo alto de una de las paredes del cañón. En época de lluvias el torrente es tan
grande que el agua casi choca contra la pared de enfrente del cañón. Durante todo este
día nos dedicábamos a observar toda clase de aves como pericos, patos, palomas, y
muchísimas especies más que nos asombraban por su belleza. A medida que
avanzábamos la vegetación se volvía más verde y los sauces eran la constante en la
rivera. A momentos nos dejábamos llevar flotando por la lenta corriente sin hacer otra cosa
que disfrutar el hermoso entorno. Sin embargo, siempre tenía la duda de si había
caimanes en este segmento del río. Constantemente nos preguntábamos que distancia
llevaríamos recorrido siendo los estimados de Gerardo demasiado conservadores (Beba y
yo decíamos que los metros de Gerardo eran de 80cm).
Comimos y después
descansamos en un suelo de arena techado por una enorme roca que daba una agradable
frescura. El GPS me indicaba que estábamos a 7kms en línea recta de la cascada de
Tamul. (Pero no calculaba las numerosas y prolongadas vueltas del río). Esa tarde
avanzamos bastante rápido combinando caminar y nadar continuamente.
Entrada la tarde buscamos un
lugar donde acampar que resulto
igual que el anterior, entre rocas y
a 3 ó 4 metros de nivel sobre el
río. El GPS indicaba que
estábamos a un kilómetro de la
cascada de Tamul y la carta
topográfica indicaban una curva
en U que daba el río. Esta noticia
nos entusiasmó ya que
significaba que solo nos quedaba
otro día de camino. De cualquier
manera, el pensar que teníamos
que pasar por debajo de la
cascada de Tamul con sus fuertes
corrientes y remolinos me inquietaba mucho. Es importante mencionar que el nivel del río
estaba muy bajo y se veía los efectos de la sequía en la vegetación. Era sorprendente la
casi total ausencia de mosquitos y otros bichos. Dormíamos a cielo abierto, Beba y
Gerardo en hamacas colgados de las rocas y yo en el suelo sobre arena y el “sleeping”
como colchoneta, ni pensar en meterse a él con el calor que se sentía.
3er.Día: Al desayunar, una ardilla de color rojo y cola gris
con rayitas blancas apareció por casi un minuto sin tener
oportunidad de fotografiarla. Avanzamos lentamente, tanto
por agua como por la rocosa orilla hasta que topamos con
una fuerte corriente que salía de una cueva y formaba
unos brincos de agua. Cruzamos la corriente por las
piedras sin mayor problema excepto que yo me resbalé
pero me agarré de unas piedras y pude cruzar. Beba y
Gerardo daban muestra de su afición por la escalada en
roca pues varias veces descendían por lugares más
difíciles de pasar que los que yo tomaba. Cuando llegamos
a la cascada de Tamul, Gerardo y Beba se decepcionaron,
ya que no estaba cayendo agua, la cascada estaba
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totalmente seca. Yo me alegré porque no quería lidiar con los peligrosos remolinos que se
formaban ahí con la corriente. De cualquier manera, la vista que ofrecían las paredes,
viéndolas desde abajo flotando en el río, era espectacular. Pasando la cascada hay dos
rápidos bastante fuertes, Beba y Gerardo decidieron descenderlos por puro gusto y yo
preferí seguir por la orilla caminando, permitiéndome tomarles unas buenas fotos en plena
acción.
De ahí en adelante la corriente era demasiado lenta, teníamos que patalear todo el tiempo
para poder avanzar y Gerardo, que era el único que no llevaba chaleco ni aletas,
avanzaba por la orilla cuando el terreno lo permitía. Nos cruzamos con varias lanchas que
llevan a los turistas a Tamul. Debido a mi cansancio le dije a Beba que deberíamos
subirnos a una lancha y luego pedir aventón en el embarcadero de La Morena y dar por
terminada la cansada nadada, pero ella respondió “Dijimos que íbamos a terminar hasta
Tanchachín por el río” y así fue, a las 5:30 p.m. del sábado 22.
Luis Augusto Stevens Sierra
Cartas Topográficas: F14C29 AQUISMON
F14C19 RASCON